Cuando el gobierno toma la decisión de declarar el estado de emergencia sanitaria y el toque de queda el 16 de marzo, el Gran Hotel Bolívar cerró. No había manera de como seguir trabajando por la PNP y las FF. AA. salieron a ser cumplir estrictamente dicho situación de emergencia.
Para empezar, no es cualquier hotel y menos un bar cualquiera. Es una hermosa obra construida por Rafael Marquina y Bueno en 1924. Se trata del mismo arquitecto que entre sus principales creaciones está la bella fachada de la Estación Desamparados (hoy Casa de la Literatura Peruana) y la gigantesca capilla del cementerio Presbítero Maestro que se ver desde lo alto del cerro San Cristobal.

El solo ingresar al bar y a las habitaciones del hotel, es como viajar en el tiempo, y llegar a esas épocas doradas donde este negocio solo servía a las grandes élites.
Un detalle que me gusta mucho es que entre sus principales huéspedes el Bolívar tuvo a Pablo Neruda, Mario Moreno ‘Cantinflas', la actriz Ava Gardner, Pedro Infante, María Feliz (María Bonita) y hasta Mick Jagger y Keith Richards, quienes fueron retirados por su rockanrolera conducta y por no cumplir con las reglas del hotel. También se cuenta que el legendario Orson Welles estuvo en el Bolívar y se tomaba copa tras copa de Catedral, como si se tratará de una simple limonada. Ni cosquillas le hizo.
Asimismo es muy conocido por sus fiestas de Halloween, donde la parranda de disfraces organizada por colectivos LGTBI se pasa a todos los salones y cuartos del hotel los 31 de octubre de cada año, lastimosamente este 2020 será la excepción.

Durante el tiempo que el Gran Hotel Bolívar estuvo cerrado, las luces de su fachada nunca se apagaron. Era como si representara su esperanza de que volverían a abrir alguna vez. En algún momento en que exista alguna pequeña certeza de que es seguro servir a sus habituales clientes. Hasta que llego el gran día, el 24 de julio, día en que el el Gran Hotel Bolívar abrió sus puertas y volvió a atender dándole vida nuevamente a esa Lima que no se quiere ir.

Por otro lado, en el bar, que ahora atiende de 3 a 9 p.m., hay menos mesas que antes para así cumplir la disposición de que haya menor capacidad de aforo para evitar el contagio del COVID-19.
También ha cambiado la forma de servir los tragos. El Catedral, por ejemplo, ya no se presenta en una copa larga de vidrio, sino en un vaso destacable de color negro. “Es por el COVID-19. Así nos cuidamos todos, por si acaso”, me dijo el mesero, cubierto con un protector facial. La atención sigue siendo igual de amable que antes. Y así como siempre, ofrecen las entradas de tequeños, bolitas de yuca y otros.
Por encontranos en los tiempos de pandemia, el temor de contraer covid 19 en restaurantes parecer ser alto. Y el Bolívar no escapa de ello por eso es que se extreman todas mas medidas de bio-seguridad para darle confianza a sus clientes.
A la salida del bar, me topé con el panel de sus famosos huéspedes (donde están Cantinflas, Neruda y compañía). Pero además de las fotografías en blanco y negro donde las celebridades posan sonrientes y perfectos, los clientes habituales del Bolívar tienen un espacio especial en un Libro de visitas en donde expresan con toda libertad su alegría de estar de vuelta en el hotel.
Se trata de un libro grande que se ubica cerca a la recepción del hotel. En la sección que marca de marzo a julio se consigna que estuvo “cerrado por el COVID-19″. Como para la historia del hotel. Pero debajo de la suspensión, un visitante de 54 años, casado, escribe con toda alegría “¡Por fin volvieron! ¡Gracias por estar de vuelta!”. Y no es el único. Debajo de él, una señora ha puesto “El mejor Pisco Sour del Perú! ¡Gracias por volver!”. En la última parte me sentí tan ilustre como Orson Welles (aunque sin su capacidad de soportar los catedrales) y también escribí con todo entusiasmo “¡Por fin he vuelto!”.
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